Este fin de semana decidimos viajar hacia Andalucía, provincia que se encuentra en el sur de España.
Nuestro primer destino fue SEVILLA, a donde llegamos el día sábado en el Tren de Alta Velocidad (AVE) desde Madrid en tan solo dos horas y media (nada mal para estar a 529 Km de distancia). Durante prácticamente todo el viaje el paisaje no cambió mucho: enormes extensiones de terreno con plantaciones de girasoles y olivos, en un suelo que se veía bastante seco.
Al llegar, nos dedicamos a recorrer sus encantadoras callecitas bajo un sol tremendo, que los locales intentan aliviar poniendo telas que las atraviezan a lo ancho, unidas en sus extremos en los pisos superiores de las casas. Los 36° de temperatura ambiental ya amenazaban con hacernos desistir de nuestra caminata, así que rápidamente fuimos a buscar un hotel donde poder dejar nuestras cosas y alivianar la carga.

Después de almorzar una rica paella en un "bodegón", fuimos a la Catedral y La Giralda. Lamentablemente, la guía que compramos trae información incorrecta, y cuando llegamos acababan de cerrar la entrada al lugar. A continuación fuimos al Real Alcázar, donde tuvimos nuestro primer encuentro con un palacio almohade (y sus jardines) y vimos además otras construcciones posteriores que en su conjunto dan el nombre al lugar. Luego caminamos por los alrededores del río Guadalquivir. Allí se encuentra una zona llena de restaurantes y boliches que ofrecen el tradicional "pescaito", y que en las noches se transforma en el centro del carrete sevillano.




En la noche a eso de las 00.30, salimos al "barrio judío" donde encontramos callecitas y callejones cortos e intrincados. Durante el día nos habían advertido que no fuéramos, porque precisamente esos pequeños callejones se prestan para ser un buen lugar para la delincuencia. Sin embargo el hambre pudo más, y alentados por el recepcionista del hotel (que nos dijo que por allí podíamos conseguir algo), nos aventuramos. A la ida nos extrañó la advertencia previa, pues circulaba bastante gente y estaba todo bien iluminado. Pero a la vuelta, habían apagado ya todas las luces y en realidad estaba muy oscuro. De todas maneras llegamos de vuelta sin problemas. Es más, aún caminaba mucha gente por el sector, incluso con guaguas. (A propósito, descubrimos que todas las guaguas que no se encuentran en Madrid están escondidas en Sevilla. Es impresionante la cantidad de niños que se ven por las calles y la gran cantidad de tiendas de juguetes y de ropa para mujeres embarazadas). Quizás es más tarde, cuando los buenos pa'l carrete vuelven con varios grados de alcohol en la sangre, que los amigos de lo ajeno salen a "trabajar".
A la mañana siguiente (domingo), muy temprano nos embarcamos en tren hacia GRANADA. Fue un viaje de tres horas en un tren "normal" (no de alta velocidad). En esta ciudad el calor fue más intenso aún. Por allí nos dijeron que había entre 37° y 38°. Recorrimos el centro y la Catedral, y nos extrañó que no encontrarnos con el tipo de construcciones que nos habíamos imaginado (casi como una coincidencia, por algún extraño motivo se borraron de la memoria de la cámara cerca de 20 fotos que sacamos en esta zona).
Luego fuimos al barrio Albayzín, que se extiende por una colina que se levanta frente a la Alhambra ("Calat Alhambra" = Castillo Rojo). Aquí se refugiaron los árabes cuando la ciudad fue reconquistada por los cristianos y por fin encontramos lo que esperábamos: bellas casas (generalmente blancas) con lindos mozaicos, balconcitos, jardines, y techos con tejas. Caminamos entre sus callecitas, y disfrutamos de una vista preciosa hacia la otra colina, en donde se encuentran la Alhambra y el Generalife.


Desde allí, nos subimos a un bus incorrecto (pero que, para nuestra suerte, nos dejó en la puerta misma del Palacio de la Alhambra). Puesto que habíamos comprado las entradas por internet desde Madrid, teníamos que pasar a una boletería especial para recogerlas. Sin embargo, nuestra fila (la de los "tickets previamente comprados") avanzaba mucho más lento que la fila de la gente que recién los iba a comprar. Como resultado, nos dijeron que teníamos que correr para poder entrar a los Palacios Nazaríes pues nuestras entradas tenían una hora tope de ingreso que estaba prácticamente cumplida. Corrimos, trotamos, caminamos rápido, tomamos mucha agua... y llegamos. Con el apuro nos saltamos varios lugares relevantes, pero ya volveremos a eso.
Entramos a los Palacios Nazaríes, y todo lo visto en Sevilla quedó convertido en una alpargata (con todo respeto para los sevillanos y su ciudad). El detalle de las decoraciones, los arabescos, los jardines y los ambientes creados por los juegos de luz y el agua son algo fuera de serie. Recorrimos deslumbrados varias salones y dependencias como el Patio de los Arrayanes y el Patio de los Leones (que no tiene en este momento ni un solo león, pues están restaurándolos...), la sala de las dos Hermanas y el salón de los Embajadores y luego salimos caminando entre jardines hacia el Generalife, que era una residencia de verano rodeada de jardines y fuentes de agua. Desde allí llegamos a la salida del recinto, pero como al entrar nos saltamos varios lugares decidimos volver a iniciar el recorrido con calma, hasta llegar a la Alcazaba. Esta es la construcción más antigua del complejo, y era una fortaleza militar. Desde lo alto de la torre que se levanta en el lugar (Torre de la Vela), se pueden ver los palacios y jardines de la Alhambra y el Generalife, así como toda la ciudad de Granada y la Sierra Nevada.
Bueno, si ya llegaron a este punto, les agradecemos el haberse tomado el tiempo de acompañarnos en esta linda aventura de fin de semana. Ahora les dejamos otras fotitos:




